Sebastian a los dos

Escrito por: Vanessa
Pijama Spiderman

Cuando estabas por llegar, me preguntaba cómo íbamos a hacer para hacerte un lugar dentro de nuestra pequeña familia de tres, tenía miedo, mucho miedo, de cómo iba a ser esto de enamorarme de otra persona, de hacer que encajes en el mundo que habíamos creado para Valentina, en cómo íbamos a dividir nuestra vida una vez que estuvieras acá.

Pero llegaste y tu solito te hiciste tu lugar porque nuestro mundo creció, se expandió con tu sola presencia. Mi sabiduría de madre de uno se redujo a ser un punto chiquitito en el universo porque contigo tuve que aprender todo de cero. Todo, contigo fui madre primeriza por segunda vez.

Hoy a tus dos añitos eres un niño increíblemente especial y brillante. ¡Eres terrible! Inquieto, movido y bullero. Jamás podemos ir a un restaurante  y estar sentados ni por 15 minutos, siempre tenemos que pararnos y salir a explorar. No tienes miedo ni te gana la timidez. Corres como una bala y cuando te caes te levantas de inmediato y sigues por tu ruta (que generalmente es la de perseguir a tu hermana Valentina).

Lograr que duermas en tu cama es aún un episodio aparte en nuestra propia historia, un episodio nocturno que disfruto caprichosa porque amo estar ahí y sé que dentro de poco tu mismo buscarás no dormir más conmigo, así que no apuro al tiempo y te disfruto todo lo que puedo.

Comes frutas y verduras como el mejor, no eres mucho de carne, te encanta tu huevito pasado cada mañana y hasta me atrevería a decir que ahora sí disfrutas tu vaso de leche al despertar, atrás quedó la teta y ¡acabas de empezar el nido!. Me pediste que te lleve en brazos pero te expliqué que en ese grandioso lugar los niños caminan y sus mamás tan solo los acompañan de la mano. Te llevo de la mano mi amor.

Tu manita pequeña es lo más adorable que hay y tu sonrisa, ayyyyyy que me quedo cortísima de palabras para explicarte como el corazón da saltitos de alegría cuando te ríes, cuando me engañas contándome que viste a un motorizado ahiiiiií mamá ahí aunque no haya nadie, cuando me das besos en la mejilla o cuando me me dices mami. Amo ser tu mami.

Adoras tu pijama de Hulk o del Hombre Araña, ¡como lo gozas!, tu carrito rojo, tu tomate en cada comida y llevarle su leche a tu hermana cada mañana. Eres un poco salvaje, un poco loco, un poco gritón y bastante conversador, tu vocabulario me sorprende aunque no debería hacerlo tanto porque tienes una hermana que nació con un botón de “Hablar” incorporado e imposibilitado de apagar. Vivirías en el agua y cubierto de arena, buscando palomas, hablándole a los gatos del vecino o aspirando la casa. Eres sumamente especial.

Nada me preparaba para ti. Nada me decía que esto sería tan agotador y mágico a la vez. Con tu hermana aprendí que podía abrir mi cuerpo en dos para que salgan a esta vida y tu me enseñaste que mi corazón podía crecer de forma casi inverosímil, irreal, para darle paso a un segundo amor más grande que una misma.

Quiero que sepas que lo eres todo, que lo puedes ser todo y más, que el cielo es tu límite y que yo siempre, siempre, siempre estará acá por ti, por ustedes, para aplaudirlos, educarlos, recibirlos, celebrarlos y enseñarles todo lo que pueda. Gracias porque desde el cielo elegirme como tu mamá. Quiero que sepas, solo para terminar, que esta vida es linda,  es dura, y es para mi un placer vivirla contigo.

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