Sin prisa pero sin pausa.

Escrito por: Vanessa
La casa de Serendipity

Cuando surgió la posibilidad de mudarnos a Alemania y empezamos a ver nuestras opciones y  todas las posibilidades que se nos abrían, nos ilusionamos con la idea de vivir en una casita, en una zona muy muy verde, lo suficientemente tranquila para que los chicos logren cierta independencia que en Lima no tenían y que a la vez, para mi, que no hablo alemán, me permita moverme dentro de una comunidad “tranqui”.

Claramente, no tenía mucha idea de lo que eso significaba. Pero lo que sí tenía clarísimo, en mi idea romántica de migrar, es que iba a meterme a clases de alemán al toque, ni bien llegue el día uno, yo ya estaría ahí matriculada el mismo día 2.

Me decían que hacerme una vida acá en inglés, que gracias a Dios es un idioma que domino, iba a ser muy muy difícil. Que sin alemán no podría lograr prácticamente nada. Hacer las compras de la casa, la panadería, la farmacia, el doctor, las clases de los chicos, salir a un restaurante, comprar ropa, pedir ayuda en el paradero, hablar con una persona X porque necesito tal o cual cosa. Ya sabes, el día a día más básico y elemental que debo gestionar es en alemán y yo me preparé mentalmente para tomar el toro por las astas desde el comienzo y aprender el idioma al toque.

En la medida en la que fue pasando el tiempo, nos dimos cuenta que esa casita que queríamos era, por ahora, la cosa más yuca de conseguir porque nadie así no más le alquila casa a una familia peruana (qué costumbres traeríamos?), con 3 niños (imagínate la bulla y el desmadre!), que recién llega al país (y si se van con las mismas y no cumplimos el contrato?), sin antecedentes financieros, con un trabajo nuevo (y si no resulta?)  y una sola fuente de ingresos (receta para el desastre).

José se dedicó todos los fines de semana de Octubre, Noviembre y Diciembre a ver casas. Maratones de corretaje. Pasaban las semanas, nuestro barco con la mudanza llegaba ya (incluso antes que nosotros que seguíamos en Perú esperando mi visa pero esa es ooootra historia).

Llegó mediados de diciembre. A ese punto, nuestra mudanza estaba en un almacén esperando casa. Hicimos paz mental con la idea que la familia pasaría navidad separada. El contrato temporal de alquiler donde José estaba alojado vencía y no había opción a renovarlo. Nos quedábamos sin tiempo y sin opciones, todos nos rechazaban.

Un buen día, un colega de mi esposo encontró un depa que se anunciaba como ideal para familias grandes en el medio de la ciudad. En la esquina de Larco con Schell como bromeo siempre. En el meollo del asunto. Era exactamente lo que no queríamos. Por acá pasan buses, tranvías, full peatones. Hay tráfico de autos, restaurantes, tiendas, negocios y peluquerías en cada esquina. Está cerquísima a centros comerciales y no tengo vaquitas ni animalitos silvestres cuando miro por la ventana (a excepción de dos ardillas traviesas en el árbol del vecino). Más bien, hay oficinas y consultorios médicos por todos lados. Sí, está cerca a parques y bosques pero no frente a uno. Definitivamente, no era lo que queríamos ni lo que teníamos en mente.

Pero nos aceptaron. Aceptaron a mi familia y el depa era, lo suficientemente grande para mi cama king size de Villa El Salvador y para el juego de sala heredada de mi abuela con un par de sofás que son XXL. Además, venía con la cocina amoblada, algo muy poco común acá y eso era exactamente lo que no traje en mi mudanza de Lima, cocina, ni refri ni horno. Nos aceptaron un día antes del Año Nuevo, el 31, cuando el contrato de mi esposo en el depa temporal vencía el 30. Así que, bueno pues, qué nos queda….nos tocó aceptarlo también, sabiendo que no era lo que nosotros queríamos en realidad.

Finalmente, para terminar de contar esta historia, con el paso de las semanas salieron mis papeles y pudimos viajar. Y empezó el proceso de adaptación de la familia como una unidad y de cada uno de sus miembros. José en su trabajo, Vale en el colegio, Bachi en el KIndergarten y la Goli siendo Goli en todo este proceso. A mi, la mamá de la ecuación, me tocó contener y sostener a mi familia. Formar un hogar lejos de mi hogar. Mé tocó ser, junto a mi esposo, un tronco muy fuerte para mis hijos.

Eso quiso decir, que mis planes iniciales de empezar a estudiar alemán no fluyera. Cero. Ya decidí que empezaré un curso básico en Enero del próximo año. Este 2022 aún tiene que seguir acomodándose.

A este punto, mirando atrás, podría decir y pensar que no tuve la casa que quería y que no concreté mi proyecto personal de aprender el idioma e involucrarme en esta comunidad en Alemán. Pero cada paso que he tomado lo he hecho con Fé y confiando en que todos los planes son perfectos, y que no hay planes de mal, solo de bien. Podría pensar que nada salió como lo planeamos, pero sabes qué, todo salió exactamente como debían salir. Ahora lo sé.

Estar en una ciudad, en la esquina de Larco con Schell es lo mejor que me pudo pasar. Cerca a todo, en medio de una ciudad internacional donde sí puedo abrirme paso en inglés. Interactuar, hacerme amigas, ir, venir y volver sin aún hablar alemán. El tranvía que pasa cada 5 minutos por la esquina de mi casa es mi mejor amigo.

Es ahora, cuando siento que mis hijos estás más acomodados, que yo puedo veo ese espacio para empezar estas clases que me van a abrir aún más puertas y ventanas en Alemania.

Entender que no estás donde quieres estar, no significa que no vayas a llegar. Aceptar que las cosas no pasaron cómo quería que pase, significa entender que todo pasó exactamente cómo tenía que pasar. Sé que sueno un poco Chespirito, pero espero que se entienda lo que quiero decirlte.

Ten Fé, confía y ora. No fuerces las cosas ni te frustres por lo que no está pasando en tu vida. Eso no quiere decir que ya fue todo, que mandamos nuestros sueños y nuestros planes a volar. No. Al contrario, significa que ahora, más sabia y con más experiencia, continuas de forma valiente y con mucho esfuerzo trabajando por tus objetivos para llegar a dónde quieres llegar. Y si sientes que ahora todo está de cabeza, deja que las cosas se acomoden, lo sé, lo he vivido y por eso hoy te lo quiero decir. Confía y espera.

Sin prisa pero sin pausa. A nosotros nos toca esperar un par de años, tener paciencia y sé que vamos a tener esa casita (aunque ya no estoy segura de quererme mover de la ciudad!), sé que aprenderé el suficiente alemán para enfrentarme a los años que me toque vivir acá. Sé que poco a poco, encontraré cómo trabajar acá también (esa es ooootra historia de la que pronto te contaré) y eso me ilusiona muchísimo. Una vez más, lo mejor está por venir.

8
Post relacionados

Comentarios

  1. Milagros Macedo

    Te sigo hace mucho, porque me inspiras con tus comentarios a mejorar y saber que no todo está perdido, que no siempre salen las cosas como queremos pero ahí está la fuerza la resiliencia, creo que esa es la palabra correcta y que nunca dejemos de tener fé, un abrazo a la distancia!!

    Reply
  2. Yv

    Vane, entré después de años a tu blog porque pensé que ya no escribías, y me encuentro con este. Nunca dejes de escribir. Pase lo que pase, pese a la red social que se ponga de moda, escribe.

    Reply

Agregue un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

Usted puede utilizar las etiquetas HTML y atributos: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>