Multitasking, no more, gracias.
Y dice asÍ: El multitasking o multitarea es la capacidad de realizar varias actividades simultáneamente o alternar entre ellas rápidamente.
Por años, de años, de años, las mujeres nos hemos jactado, sumamente empoderadas y dichosas de la capacidad que tenemos de hacer varias (¡muchas!) tareas a la vez, rápidas y eficaces. Es más, hasta he sentido tantas veces hervir en mi útero el super poder, no solo de hacer varias cosas a la vez, si no de hacerlas bien. Oh sí, qué bestia, qué trome que soy.
Cambiar pañales a uno con la mano derecha, mientras doy la teta al otro colgado del pecho, y respondo correos con la izquierda y cierro un contrato. Aquellos tiempos me parecen brutales y gracias a Dios, quedaron atrás.
Hoy, así como mi ropa, mi cuerpo, y mis prioridades han cambiado, así como yo he cambiado incluso de país, algo en mi cabeza ha hecho click también (aún no sabemos si ese click es para bien o para mal pero ya el tiempo lo dirá), algo en mi cabeza ha cambiado categóricamente, neuronalmente, tridimencionalmente y confieso en voz alta, a mis 48 años y en pleno 2026, antes que mi sistema nervioso colapse y continúe con esta constante sensación de que se me escapan hasta las tortugas, anuncio que no quiero, no puedo, no está en mi (y créeeme que lo he buscado intensamente en todas mis capacidades y bendiciones recibidas), volver a ser multitasting.
Hacer más de dos cosas a la vez, no gracias. ¿Tres o cuatro? Me muero, no sería más que un cúmulo de tareas empezadas y ninguna terminada. Dispersa al mango. Dicen que con la menopausia, esto también cambia. Será la baja de estrogeno, el re cableado de los neurotransmisores, será la niebla mental, aquella que hace que me olvide del nombre de eso, de qué hacía en la cocina, de para qué fui al baño, de buscar mi teléfono, mis llaves, mi paz mental y todos aquellos reels de instagram que tratan de poner en evidencia lo que pasa con las mujeres cuando nuestro el estrógeno abandona y el sistema hormonal cambia como el de una quinceañera. Adolescencia y menopausia, tremendo dúo.
Pero, ¿será que mostramos todo eso en redes sociales como una evidencia irrevocable de que no somos las mismas y que no estamos solas? Que cambiamos, cambiamos. Y puede que por una milésima de segundo eso me haya hecho sentir mal. O sea, ser multitasking cuando vivo en otro país con toda mi familia (tres niños) sin mayor support system que nosotros mismos somos, es, visto desde cualquier ángulo, una absoluta ventaja diferencial para hacer que todo funcione.
Y ha funcionado, amiga mía, Dios me ha llevado de la mano en tareas que jamás vi venir sin perder la cordura ni la alegría de vivir. He aprendido demasiado en estos 4 años en Alemania, hay que ser honestos y agradecidos con eso también. Pero, sabes qué, he llegado a ese momento de mi vida en que vaciar el lavavajillas me lleva a ponerme ordenar la despensa, que me lleva a darme cuenta de que esto no va acá, y claro, soy multitastking, puedo hacer el lavavajillas mientras ordeno y quizá, tal vez, empiezo a cocinar el almuerzo, tres en uno, pero esto no va acá, va allá, y allá hay que pasar el trapo porque se ha llenado de polvo, ¿cuándo fue la última vez que limpié esta esquina?, mejor vamos por el trapo y mira, si vamos a pasar el trapo pues le damos una aspirada también, ¿no? ¡Que pase la Dyson!
Acto seguido me pierdo en si descongelé la carne para el almuerzo, y ahí es cuando el multitasking se mezcla con algún tip de TDA european & menopausical version y empiezo a divagar entre si contesté el correo de esa asesoría de clóset y en qué me quedé con la guía que quería hacer. Repaso si tengo mis alarmas prendidas, a qué hora debo recoger a los niños, si terminé con el lavavajillas y no recuerdo si saqué de la lavadora la ropa que puse ayer, bueno, la última tanta pues hago varias al día y puede que se me haya pasado sacar la última. Todo puede pasar.
Finalmente se me fue la mañana en un sin fin de tareas empezadas, ninguna terminada. Así que cansada, agotada diría yo de ver mis capacidades tan dispersas, he decidido que no más, no va más.
La nueva yo (desde hace tan solo unos días pero vamos a darle crédito 😉 )ha decidido que no me muevo de donde estoy hasta haber terminado lo que me propuse hacer. Enfocadita me quiero. Que no empiezo algo hasta no concretar lo anterior. Que nada ni nadie me distraerá de esta tarea porque soy un adulto responsable capaz que concentrarse, que ha decidido de forma muy consciente que no me interesa ser más multitasting, es más creo que el multitasking está sobre valorado y que me agoto tratando de hacer varias cosas a la vez mientras que cuando me concentro en una, se siente hasta bonito diría yo.
Es más, he puesto límites preciosos que me permiten decirte NO, no te puedo ayudar hasta que no termine esto. Mis horas útiles son limitadas así que mis proyectos personales se trabajan entre esta hora y hora, las cosas de la casa entre esta hora y esa hora. No empiezo nada hasta no haber terminado lo otro, así que priorizo terminar y no tan solo empezar. Ya no trato de pasar el robot mientras tengo una carga de ropa en la lavadora y hago mi deporte. No, bueno, generalmente no.
Eso es importante en un mundo que te dice solo empieza, lo importante es empezar, empieza, empieza algo!, cuando igual de importante debe ser el termina lo que empezaste y déjate de hacer varias cosas a la vez, suelta el teléfono que no logras concentrarte en nada y termina, por favor, aquello que empezaste.
Y es así como he decidido vivir y sabes qué, vamos bien.
