Una tía raaaaagia

Y esto no tiene nada que ver con cómo me veo, si no como me siento.

Hace poco estaba en la clase de baile a la que casi casi de forma religiosa asisto cada semana (y que libera mi alma y mente como solo lo sabe hacer un merengue de antaño) y ni bien empezaba, juácate, me saco el tshirt y me quedo con un top, panza al aire, confiada y segura de mi misma.

La yo, de 17 años, se hubiera espantado un poco. Qué roche. Ahí en medio de tanta jovencita, esta tía va bailando y cantando como si no hubiera mañana. Sin polo. Y es que me he vuelto esa mujer.

Soy esa tía que escucha salsa mientras hace la casa y Ricardo Montaner mientras limpio el horno. Me va a extrañar, y sentirá, que no habrá vida después de mi, que no se puede vivir así….Soy esa mujer que se siente fuerte, que hace deporte, que cuida lo que come pero nunca tanto, que se pone lo que le da la gana (pese al ojo juzgón de mi adolescente) y que poco me importa si está de moda o no. Lo mejor, es que me siento genuinamente feliz y hasta liberada de mis propios paradigmas mentales de lo que debo o no debo ponerme.

Soy esa tía con collar y aretes de perlas, lentes de sol grandes, que aleja las etiquetas para leerlas y aun así, mejor saco mis lentes porque no leo nada y me parece pésimo que escriban en letras tan chiquitas. Mejor le tomamos una foto a las indicaciones y la agrandamos en el celular.

Soy la que no sale sin bloqueador solar, que se hidrata siempre las manos y talones antes de dormir. Que se tiñe las canas en casa y se hidrata la cara 3 veces por semana con crema Nivea (la que lata azul), he descubierto que amanezco aún más regia 😉

Soy la que se toma un cafecito con quien esté dispuesta a una conversa deli un lunes cualquiera, que se olvida todo y confunde los nombres de sus hijos y sobrinos. Soy esa mujer en menopausia, con una eterna pancita, dos tallas más de lo que nunca fui, con el pelo más crespo y raramente las uñas hechas, pero eso sí, si me las pinto me convierto en esa tía de uñas rojas, igual que mi mamá.

No soy una tía sin problemas ni penas, no te olvides que soy una tía que se mudó a los cuarenta y picos de años a Alemania con marido, tres hijos chicos y muchas sorpresas en el camino, que dejó de trabajar para ser ama de casa y que no pierde la ilusión y la ambición, así que en el camino emprendo de lo que puedo y como puedo. De rato en rato me siento perdida, aún ando afinando mis sentidos y junto a mi esposo surfeamos retos como quien pasa un verano en Máncora, libramos batallas que jamás pensé, ¡y en alemán!

Así que no, no lo dudes ni por un segundo, en esta casa el nivel de gestión es alto e intenso, pero lo hacemos con una fuerza que sale sólo de Dios y que nos da, a mi esposo y a mi, una sensación de partnership constante y sonante. Un amor impresionante me atrevo a decir.

Soy esa tía que ama hablar de Dios, que ha encontrado una paz que sobre pasa todo entendimiento en la misa, en las visitas al Santísimo de rodillas y en el rosario diario, tal como lo hacía mi abue, y es que hacerlo te cambia la vida amiga, y soy aquella que lleva dos grupos de oración por whatsapp, y que, contra todo lo alguna vez sospechado, cito versículos y promesas mejor que cualquier receta de cocina. Confieso, no me gusta la cocina.

Cuando miro atrás, veo a mi mami y a sus amigas, regias ellas, guapas, alegres, siempre positivas más allá de sus propias historias, que sí que las tenían, pero ellas seguían sin importarles el qué dirán, se ponían lo que querían y aunque yo las miraba con un ojo curioso y debo decirlo, un poco juzgón también, porque claro, una decía pero es que ese no es su su color, pero las admiraba, las admiro hasta el sol de hoy, y me siento dichosa y feliz de verme en ellas.

Ojalá un día mis hijas, más allá de todo, vean atrás y sepan que ese amor, esa fuerza y esas sensación de ser una tía regia se aprende y se hereda, está en las mujeres de esta familia incrustado en el ADN, que es una cuestión de actitud y gratitud constante, más allá de todo, primero que nada. Que aunque la vida te golpea (y de eso nadie se libra) debes seguir , amar por sobre todas las cosas, reír, cantar y bailar. Agradecer y bendecir.

Que sepan, que sepas, que la felicidad pasa de los grandes logros y está, más bien, en las pequeñas cosas, en el corazón que late, en lo imperfecto de nuestras vidas. Esto se trabaja todos los días y es ahí, cuando ya no importa tanto lo que opinan los demás, cuando te sientes raaaaagia por sobre todas las cosas, porque lo diste todo, porque lo hiciste todo, y porque todo pasó exactamente como tenía que pasar.

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2 Comments

  1. Qué lindo lo que escribiste Vane!
    Mi hija estaba ahí en el parque bailando con vos! Con la tía regia!
    Gracias por compartir.
    Saludos desde

  2. Qué lindo lo que escribiste Vane!
    Mi hija estaba ahí en el parque bailando con vos! Con la tía regia!
    Gracias por compartir.
    Saludos desde Argentina.

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